El síntoma es una mentira muy conveniente
El sector de la salud tradicional lleva décadas viviendo de ella.
Si sigues tratando una inestabilidad crónica de tobillo a base de gomas elásticas, una fascitis plantar frotando el pie con una pelota de tenis, o un dolor lumbar machacando el transverso con planchas abdominales… estás en un callejón sin salida y lo sabes.
Y lo peor de todo: podrías estar dañando tu reputación, perdiendo tu tiempo y destrozando tu propio cuerpo, tus muñecas, tus pulgares y tus lumbares de tanto apretar e intentar masajear tejidos inútilmente.
Tratar el dolor únicamente donde el paciente lo siente es como intentar salvar un avión que se estrella pintándole el fuselaje por fuera en pleno vuelo.
El sistema musculoesquelético es solo un mandado.
El que de verdad toma las decisiones de supervivencia es el sistema nervioso central.
Cuando el cerebro procesa información borrosa, débil o contradictoria de sus radares sensoriales, entra en pánico. Ante la incertidumbre, la respuesta subcortical automática es implacable: rigidiza las articulaciones de tu paciente, altera de forma masiva su tono muscular (esa tensión que intentas masajear en su camilla hora tras hora) y activa la alarma del dolor para obligarle a parar.